Dentro su pensamiento
la idea abrazaba la figura del aroma de su cuerpo. Recuerdo.
Se sabía finito como el pasar de los carros, copiosa lluvia de noche.
Me gusta ver pasar los carros.
Me gusta la lluvia.
A mí me gusta abrazarte a ti, y romper el frío en piel.
La memoria lo traicionó, añoraba recordar más,
recordar bien lo que se había dicho,
no el invento de sus palabras.
¿La cena, el vino?
Caminar sin tropiezos.
Hoy se insiste en el nudo de garganta. Gélido.
Memoria silente,
¿por qué no gritas la imagen de aquellos que se sabían amar?

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