Se detuvo a buscarle:
la aurora boreal
en su pecho;
silencio que se dilata y contrae como otro cuerpo,
bebe abstraído.
Respira la imagen que vuela
propia
tranquila.
Se detuvo
mientras la nieve sumergía su mirada en el rostro.
En manos
nacía la flor.
¿Se ha nacido?
Se detuvo a observarle,
cuando aún no era.
Se abrieron las puertas
surgió la palabra
el trueno.
Piernas de potro
la guían incierta hacía él,
somos tan iguales.
Tan cercanos como la textura de las olas
que escudriñan el polen del viento.
Antes que la mañana
cuando nada tenga nombre en el alba,
en parpados
donde el día aún no resucita,
sigue dormida,
él aguarda los días
que aún contiene entre las costillas,
sentidos en espera
del tacto no reconocido.
Una respuesta
y el silencio se llena.
Se detuvo a esperar.
Pensando en Adán y Eva.

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